ruta cuarenta

la peculiaridad principal de la ruta cuarenta era que no había manera de comprar ningún tipo de aceite u otro género similar en su lado sur solo al norte se ubicaban los comercios dedicados a todo tipo de mercaderías propias del común asunto culinario sus variados utensilios y chupercherías por el contrario el lado sur de esta ruta era rico en mercaderes de sustancias de las que llaman de calidad alucitante alcoholes vinos yerbas alucinónegas sustancias psicodélicas de toda índole especias que inicialmente elevan al hombre y luego sin remedio lo colapsan

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cañaverales

árduo imán el que congrega
a las salvajes cañas
por apretado camino entre sus muros
la compañía improbable de una jicotea recuerdo
el cañaveral nos niega su sombrero
naviero vaporoso que en verde mar expira
bailadora su cresta sonríe
como sabedora de afanes
y destinos
si fuera ya la vuelta última de hoja
que prematuramente al sueño nos invita
a la otra zona su tierna clorofila
por el ardor sus bordes maquinando
cañaverales como mares infinitos
entre el amargo zumbar
perlado de las moscas
suave ondulación
su desmesurada melena
sus arrullos por el dormido
viento embelesa

breve historia de la osadía

era la osadía una remota sustancia extraída del verbo la colmena reclama esa condición de desenfado desvincular es el trabajo de los meticulosos pontífices el más pueril de los abriles se funde en esa gota de miel que exudan los claveles increpando al porvenir con voces silenciosas la vejación eterna del verbo por barriles atorados de manteca

los banqueros

desbarajuste de calles mojadas por el océano la romana tradición tan vapuleada los mirones sentados sopesan el resuello de la maraca que avanza con nudos en sus labios por una idea que malamente sostiene esternones augurio de falsas mocedades cuando lo que se pierde se debe remojar en el vino como un pan o un pigmento ante la idea de la nada y el orgullo continúa apostado con gran dedicación a la vigilia de los animales que son montes lejanos cuadriculando las páginas oscuras de los banqueros

 

la soberbia

modelando ante el espejo danza la soberbia
pero no llega nunca a desnudarse
esconde una inscripción en su reverso
un capullo de venideras violencias
 
como el desvalido la forma del fuero impuesto adopta
la soberbia a sí misma se imita y no concede
no restituye sus secos panales mal habidos
no aplaca ese pavor antiguo que su danzar levanta 

es en los muros donde apreciamos su dominio
la desnudez de los ladrillos nos habla a chorros
la argamasa insuficiente la lúcida 
conversación no pontifica
el cuero sucio del ladrillo y su resina
su malherida prestancia que la soberbia
voladora resucita

Sin envidiar

púlpito y pálpito
corazón y coraza
lentos nubarrones
recámara en vuelo
aguardiente sombrío
los altos tamarindos
la chancleta
los pasos alados
la caída
pálpito y pulpo
tentáculos estirando
la soga al cuello
de la medusa
púlpito y palpo
tenor contrayente
reducción absoluta
al duro manantial
sus ricas botas
sin envidiar
prestando

ah los felices gatos

ah los felices gatos de tuiterlandia
que se enfrascan en incoherentes
conversaciones
(aunque se debe advertir que en estos tiempos
la incoherencia se sobrepone sin recato a lo sublime)
y descaradamente se roban
la mirada de los tuiternautas
que no pueden sino salivar sobre el cristal del móvil
o sobre el oscuro teclado de sus ordernadores
tal vez como lo hacía avezado de Pavlov su perro
cuando despierto y melindroso soñaba
con sus felices gatos que no vivían
en la moderna tuiterlandia
pero compartían eso sí el mismo descaro
de arrebolarse para sí toda la gracia

Verdes lanas profusas

la llanura con sus ondulantes
montículos se expande
como un mar de verdes
lanas profusas
nubes de polvo seco arrullan
mi seco corazón de ahora

qué decepción
el rodaje de este film tedioso
amarillento y lleno
de arañazos

en algún lugar habré dejado mis llaves
para salir o entrar
no recuerdo

si me alojara en aquella llanura que evoco
para siempre sentiría el dulce cantar de los gallos
las tibias cigarras del insomnio
si me acudieran de golpe esos extensos
ondulantes prados de la infancia

a veces se me rompe el anhelo
a veces también
podría abrazar a todo el mundo

cuando no quedan casi
las fiebres primordiales
nos adentramos en el sueño
sin dormir
atesorando mares
de nostalgias expansivas
y nos columpia un vaivén
victorioso y falso

por la pradera de ocasionales vacas
divagan mis penurias
acariciadas por llanuras
de verdes lanas profusas