Ríos de enero

ríos de enero que desbordan
un reloj cosido por la bruma
una arboleda sitiada por el hilo
delicado y rotundo de la luna

 

ríos de enero que socavan
las coordenadas centrífugas del vino
los ajos colgados de la puerta excavan
la melancólica magia desnuda del destino

 

ríos de enero en su fluir convergen
las claraboyas pueriles los abrigos
la rápida intuición los desatinos
magistrales emporios de hojalata

 

diestros soldados sin almidón ni rito
sobreviven la mala noche cuartelera
aventando mosquitos por praderas
desde siempre preñadas de lo bruto

 

sacerdotes ungidos por las aguas
de ríos de escombros rememoran
incontables excesos de la insignia
alegatos oscuros abalorios
centímetros doblados bajo himnos
insospechadas argucias evidencias
legajos que sin pudor ocultan ríos
oleaginosos de enero y de violencia

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Once jóvenes poetas cubanos 〈Parte Uno〉 – Selección y nota de Víctor Rodríguez Núñez

Cuando menos lo esperas
das con el ángel de la jiribilla

Once jóvenes poetas cubanos

Luis Yuseff, Isaily Pérez González, Javier Marimón Miyares, Leymen Pérez García, Marcelo Morales Cintero, Oscar Cruz, Liuvan Herrera Carpio, Jamila Medina Ríos, Moisés Mayán Fernández, Legna Rodríguez Iglesias y Sergio García Zamora

Selección y nota de Víctor Rodríguez Núñez

Afirma José Lezama Lima que “el ángel nuestro”, el símbolo de la sociedad y la cultura de Cuba, es “el ángel de la jiribilla”. Esa criatura hecha “de topacio de diciembre, verde de hoja en su amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey, azul de casa pinareña, olorosa a columna de hojas de tabaco”. A pesar de su tierna constitución, ese ángel no permite que lo ignoren, que le den de lado, que no lo reconozcan, porque es como “la tortuga nuestra, que cuando se encoleriza le arranca un jarrete al toro”…

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Lo cierto

 

a Pipa

lo cierto es que van muriendo las venerables cabezas que alguna vez guiaron al rebaño por eso se encogen las palabras y el mutismo lo cubre todo como un manto implacable y la soberbia queda ahí aplastada contra el asfalto su contusión inesperada esa mueca horrible que no queremos recordar por eso las palabras se encogen porque no es posible el retorno desde aquellas distantes fogatas que han sido tan abruptamente apagadas

 

Spammers

 

me han congratulado los spammers¹
de toda África
invitándome a trasladar
sus exorbitantes
acaudalados patrimonios
a mi cuenta
todo lo que dejó en vida
el ilustre finado
presidente de nosequé banco
tan importante
llámanme señor
o distinguido socio
con sus aterciopelados epítetos
y la siempre deficiente
ortografía
dejan un residuo amargo
y cierta tristeza
irracional
de no poder ayudarlos
tras ese gesto infantil
siempre obstinado
lanzando redes al mar
inconmovible
de la luna


¹Originalmente había usado la palabra inglesa scammers, pero pensándolo bien, me parece mejor spammer.  Todavía debato conmigo mismo, si no sería mejor usar timadores, en Español, pero por el momento no lo toco.

Las alcantarillas gozan

 

al versificar las alcantarillas gozan
de una inmejorable salud
sus acordeones de murga llenan todo
a qué salirse de la sombra de los profetas
si la ventana por la canícula insolente se marchita
la rivalidad del río sube hasta la calle
los incendios alocados de las melenas
desconocen límites
si el agua volviera a ser
nuestra sustancia
por canalones atropellados
por donde se filtra una nostalgia
una rama abatida por el peso de la gloria
la frontera del sueño se nos vuelve líquida
frota sus ojillos insinceros
su apalabrar mojado
sin su cimbreante calidad de otros días
no sé nada de abalorios
no comprendo el trino
que provoca una revoltura
un malestar anclado en la mirada
tristezas de infinitos tornasoles
cuando da de lleno el sol
sobre los párpados

la gaviota y la isla

 

la gaviota la isla
trueno sin cordura
roto sideral chorros
que bajan iluminando
desde alturas imposibles
perfección atolondrada
toscos mares que desollan
las carnes de la isla
la gaviota muerde el centro
mismo del cielo
sobre el abismo su silueta
dibuja maldiciones
se funde en un abrazo
a su derrota
después le preguntaba a la noche
si había presenciado esos delirios
esa belleza azorada
queriendo tocar las carnes
desolladas de la isla